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La ciudad a pedal – iii. entre el pavimento y el cielo | Mundo Pedal Bicicletas Personalizadas La ciudad a pedal - III. Entre el pavimento y el cielo

La ciudad a pedal – III. Entre el pavimento y el cielo

Hace poco comprendí la diferencia entre ciclo ruta y ciclo vía. La ciclo ruta es una vía o sección de la calzada destinada al tránsito de bicicletas en forma exclusiva. La  ciclo vía es una vía o sección de la calzada destinada ocasionalmente para el tránsito de bicicletas, triciclos y peatones.

Medellín tiene pocos kilómetros exclusivos de ciclo ruta, mientras  en Suecia, por ejemplo, tienen 760 Kilómetros

Si las calles de la ciudad fueran sus venas, Medellín ya habría muerto de un paro cardíaco por tanto atasco. El pavimento no es del todo liso ni plano, tiene huecos, huequitos y huecotes, arrugas, bultos, texturas arenosas, alcantarillas atravesadas, chuzos, vidrios quebrados, basura, objetos perdidos y en las grandes avenidas (como autopistas) hasta tornillos y  tuercas.

Ir en bici es sentir cada imperfección del suelo, es captar desde los más desagradables aromas en la cuadra  del pescado, hasta las más placenteras fragancias que se desprenden de las flores.

Los que van en carro particular  se encierran en su propia burbuja: vidrios arriba, aire acondicionado, música personalizada; van de un lado a otro y ni se dan cuenta cómo es realmente la ciudad que habitan.

En la bicicleta es imposible ignorar el contexto, hay que estar atento a todo, la velocidad alcanzada no es lo suficientemente rápida para aislarse del mundo externo, pero tampoco es tan lenta como cuando se va caminando; el  ritmo  permite observar, sentir cada espacio y dejarlo atrás.

Se vive a una velocidad diferente y no es porque esté comprobado que los ciclistas poseen el doble de capacidad pulmonar, sino porque la óptica de la ciudad cambia. Se exploran lugares nunca antes conocidos, se descubren nuevas rutas que no se rigen en el sentido del tráfico.

 

El ciclista puede acortar camino pasando por parques y aceras, crear sus propios atajos y aprender a descifrar las calles

Además de montar en bicicleta, uno se vuelve experto en predecir el clima. Desde que comencé a montar he observado más al cielo que lo que lo había hecho en toda mi vida. Si llovía me preocupaba por el aspecto del pelo o  por tener una sombrilla a la mano, ahora estar preparada lo es todo.

En esta ciudad en la que el clima es bipolar, hay que salir con bloqueador y gafas de sol en una mano y chaqueta, botas e impermeable en la otra.

El clima es una variable importante, si hace mucho sol no es del todo bueno porque desgasta, da calor, hace sudar, aporrea la piel, da sed y uno llega  “cacheti colorado” a su destino.

Si llueve es otro cuento, toca andar mojado de pies a cabeza, con las llantas lisas y para completar intentado pedalear contra la corriente, subiendo misma loma por la que el agua se desborda. Hay que andar preparado con bolsas para guardar los objetos que definitivamente no se pueden mojar.

Las nubes no se comportan siempre de la misma manera, pero observándolas se pueden sacar algunas conclusiones: dependiendo de la altura a la que estén y el tono de gris  que posean, indican qué tanto o qué tan rápido va a llover.

Pueden ser  muy grandes o solo cubrir una parte de la ciudad, por eso hay días en los que uno sabe que va a llover todo el tiempo y otros en los que  deduce que solo llueve en un sector.

En la noche se pierde toda posibilidad de interpretarlas porque la visibilidad es poca, así que me guío más por la temperatura del viento: si se siente húmedo es porque posiblemente las gotas se quieran desplomar.

Cuando cae la noche todo es más tranquilo, la mayoría de los carros están guardados. La industria minimiza su acción,  los buses dejan de prestar servicio y solo quedan unos pocos afuera. Las luces amarillas del alumbrado público pintan tenue pero cálido el camino, el aire se siente más fresco y liviano.

En la madruga, cuando uno pasa a la velocidad de un rayo para no ser percibido, se puede observar con mayor claridad a los que viven en la calle; esos  que se  despiertan con la ausencia de sol y andan como sonámbulos en busca de comida, una dosis más o un nuevo lugar para dormir.

Más capítulos de esta crónica:

I.Cerati, mi escuela

II. Me bajé del bus

IV. La nave y sus mil botones

V. El tripulante

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